
El mundo hace rizoma con el individuo. Lo que ocurre en el individuo se podría mapear como un fractal de lo que ocurre en el mundo –social y físico-. Las fronteras se diluyen en el exterior y permiten vislumbrar que las estructuras mentales se diluyen con la misma velocidad. Mi obra visual está toda conformada por estos quiebres, por esta multiplicidad de voces que hablan por la misma boca y el mismo cuerpo. Soy una artista que se mueve en una oscilación continúa. Por una parte me interesa el pensamiento lingüístico y de niña siempre pensé que iba a ser escritora, por el otro, son las imágenes lo que verdaderamente me permite moverme en un espacio de intuición.
Me interesa la política y sus filosofías. Mi obra trabaja desde el territorio de lo queer, lo anonimo y lo libertario.
En mi obra aparecen preocupaciones reiteradas, que funcionan como un mecanismo que me permite confrontar la naturaleza dual de mi persona. Aunque mi producción responde a distintos impulsos, percibo ciertas constantes que funcionan como catalizadores conceptuales y que permiten generar una multiplicidad de lecturas. El deseo, el cuerpo, lo urbano, la naturaleza y la escritura aparecen siempre como elementos de construcción de una autorrepresentación elaborada siempre desde una lógica bipolar, una lógica de oposición que convive en mi cabeza y que posibilita la confusión y el orden en un mismo espacio. Así, los polos que se oponen en mi obra son verbal-visual, masculino-femenino, interno-externo, corpóreo-espiritual, ciudad-paisaje, heterosexual-homosexual, social-íntimo público-privado, racional-impulsivo, intelectual-sensible, animal-humano…
